Opinión: Soberanía, silencio y el chantaje de Pegasus. Por Zuky. Pedro Sánchez se encuentra atado de manos para actuar como debiera. 1640, Ceuta decidió mantenerse fiel a España
Esta entrada masiva de inmigrantes a Ceuta, presuntamente, ha sido programada y articulada por el Mossad y la CIA. El distanciamiento de sus líderes con el Ejecutivo español
Opinión: Soberanía, silencio y el chantaje de Pegasus. Por Zuky. Nunca hasta ahora el Gobierno marroquí había reclamado tan explícitamente las ciudades de Ceuta y Melilla. Sin embargo, lo que más me ha llamado la atención es que el ministro marroquí de Asuntos Religiosos, Ahmed Toufiq, haya evocado la «lucha sagrada» para liberar las «ciudades ocupadas» sin que ni nuestro ministro de Asuntos Exteriores ni nuestro presidente hayan abierto la boca.
Considero necesario recordar a Ahmed Toufiq y al resto de sus compañeros de Gabinete que Melilla fue tomada en 1497, cuando la Corona de Castilla se hizo con el control de la ciudad portuaria bajo el mandato de los Reyes Católicos. En el caso de Ceuta, la historia fue diferente: fue conquistada por Portugal en 1415 y, debido a la Unión Ibérica, en 1580 pasó a estar bajo el control de la monarquía española. Cuando Portugal se independizó en 1640, Ceuta decidió mantenerse fiel a España. A día de hoy, sus habitantes se sienten orgullosos de pertenecer a nuestro país, algo que contrasta con la avalancha de marroquíes que critican a su propio régimen y prefieren arriesgar su vida en el mar antes que permanecer allí.
A día de hoy, sus habitantes se sienten orgullosos de pertenecer a nuestro país, algo que contrasta con la avalancha de marroquíes que critican a su propio régimen y prefieren arriesgar su vida
Esta entrada masiva de inmigrantes a Ceuta, presuntamente, ha sido programada y articulada por el Mossad y la CIA. El distanciamiento de sus líderes con el Ejecutivo español, sumado a la información obtenida mediante el espionaje con Pegasus a los teléfonos móviles del presidente del Gobierno y de varios ministros, ha propiciado que Pedro Sánchez se encuentre atado de manos para actuar como debiera. ¿Tiene las manos atadas? Nunca lo sabremos, pero desde luego lo parece.
Zuky
Estimada Antònia Febrer Santandreu:
Como habrá podido comprobar, no acostumbro a responder a los comentarios, sean desfavorables o elogiosos. Sin embargo, ante una reflexión como la suya —expresada con tanta elegancia y merecedora de una lectura atenta—, resulta un verdadero placer dedicar el tiempo que exige una respuesta a la altura de su escrito.
Coincido plenamente en que el presidente del Gobierno debió suspender sus vacaciones para atender de primera mano la grave y persistente crisis en la frontera de Ceuta. En mi artículo me limito a plantear una cuestión central: ¿tiene el presidente las manos atadas? Al aludir al Mosad o a la CIA utilicé cautelarmente el término «presuntamente», anticipando el revuelo de quienes ignoran el alcance legal y periodístico de la palabra.
Usted conoce mejor que yo las implicaciones que tuvo el espionaje con el programa Pegasus a los teléfonos del presidente y de varios ministros. Quizá nunca sepamos qué información se sustrajo, pero si la autoría responde a servicios o hackers marroquíes, no cabe duda de que las consecuencias se están pagando muy caras.
Le envío un cordial saludo.

Antònia Febrer Santandreu
Este artículo plantea preguntas para las que probablemente los ciudadanos nunca tendremos todas las respuestas. Sabemos que los teléfonos del presidente del Gobierno y de varios ministros fueron espiados mediante Pegasus; lo que no sabemos con certeza es quién estuvo detrás, qué información obtuvo ni si aquello condicionó decisiones posteriores. Por ello, creo que debemos ser prudentes antes de convertir las sospechas en certezas.
Pero hay algo que no admite demasiadas interpretaciones: un país debe poder proteger sus fronteras y exigir que sean respetadas. Y en el caso de Ceuta hablamos, además, de una frontera exterior de la Unión Europea. Defenderla no debería ser una cuestión de izquierdas o derechas, sino una responsabilidad institucional compartida.
Y aquí también debemos exigir responsabilidades al Gobierno de España. Sin estridencias y sin convertir una cuestión de Estado en otro enfrentamiento partidista. Cuando se produce una situación excepcional que afecta a nuestras fronteras, la prioridad debe ser gestionarla. Quienes han dirigido una empresa, quienes son autónomos o simplemente quienes han tenido responsabilidades importantes saben perfectamente que hay momentos en los que los planes personales deben esperar. Si surge un problema grave, uno no pregunta primero si está de vacaciones: lo afronta. Y cuanto mayor es la responsabilidad asumida, mayor debería ser también esa disponibilidad.
Por eso resulta difícil comprender determinadas ausencias o silencios del presidente del Gobierno ante una cuestión de esta naturaleza. No se trata de negar a nadie su derecho al descanso, sino de recordar que gobernar implica asumir obligaciones que no siempre entienden de calendarios. Los ciudadanos podemos comprender muchas cosas, pero también tenemos derecho a exigir presencia, explicaciones y liderazgo cuando está en juego una cuestión de Estado.
Eso tampoco significa olvidar el drama humano. Detrás de cada persona que intenta cruzar una frontera existe una historia y, muchas veces, la búsqueda de una vida mejor. España también fue durante décadas un país de emigrantes y conviene no olvidarlo. Pero precisamente por respeto a quienes llegan, a quienes esperan hacerlo legalmente y a quienes vivimos aquí, la inmigración necesita orden, reglas y capacidad real de acogida e integración.
Y quizás deberíamos formularnos otra pregunta: ¿qué están haciendo las grandes organizaciones supranacionales antes de que estas personas lleguen a nuestras fronteras? Hablamos mucho de gestionar la inmigración cuando ya tenemos el problema delante, pero bastante menos de cooperación, desarrollo económico, educación, estabilidad institucional y oportunidades reales en los países de origen. No hace falta que exista una hambruna para comprender que una persona puede no encontrar expectativas de futuro en su país.
Europa no puede limitarse a gestionar las consecuencias. También tiene que preguntarse por las causas. Pero España tampoco puede esperar siempre a que Europa resuelva aquello que corresponde, en primera instancia, a nuestro Gobierno gestionar.
Humanidad y seguridad no deberían ser conceptos enfrentados. Podemos comprender a quien busca una vida mejor y, al mismo tiempo, defender que nuestras fronteras sean respetadas. Podemos ayudar sin renunciar al orden. Y podemos exigir a nuestros gobernantes transparencia sobre aquello que desconocemos sin convertir las hipótesis en verdades.
Quizás ese sea el verdadero debate que deberíamos mantener: no quién grita más fuerte ante la inmigración, sino cómo conseguimos que España ejerza sus responsabilidades, que Europa asuma las suyas y que, entre ambas, se protejan nuestras fronteras, se ayude a quienes realmente lo necesitan y se contribuya a que abandonar el propio país deje de ser, para tantas personas, la única esperanza de futuro.

marc
toda la culpa el eje del mal EEUU, Judios, Marruecos, cierto
Manacori
Completamente de acuerdo con zuky, tiempo al tiempo.
Pere
En Zuky té molta de valor en expressar el seu parer en públic. De segur que hi ha persones a Manacor que avui el comencen a odiar, però jo el vaig a aplaudir.
Pedro
Zuky, me gusta tu artículo, es bueno, fiel a la verdad, sincero.
Marga
certero como siempre zuky, me gusta la reflexión, no haría nada marruecos sin EEUU y los judios
Pep Riera
este señor sin nombre es un patan